El sistema ideado por Cánovas basaba su funcionamiento en el turno pacífico los dos partidos dinásticos, es decir, ambos partidos pactaban el acceso al Gobierno sin recurrir a los pronunciamientos militares .
Para garantizar el turno se recurría al fraude electoral así no se utilizaba procedimientos democráticos.
Los caciques locales eran una pieza clave del sistema. Se utilizaban por los partidos para que garantizaran la obtención de la mayoría necesaria para gobernar, al margen del electorado, mediante la compra de votos o la coacción.
El mecanismo de turno se basaba en que el rey de forma periódica encargaba la formación de un nuevo Gobierno al partido que le tocaba. Se acordaba previamente la distribución de los escaños y de la lista de diputados, llamada encasillado. Los caciques locales ejecutaban el acuerdo y para ello manipulaban los censos, si incluyendo electores fallecidos etc no bastaba se introducían papeletas en las urnas, lo que se conoce como pucherazo.
Las listas de diputados estaban formadas por miembros de la alta burguesía y la aristocracia, que constituían una oligarquía que monopolizaba los cargos políticos-administrativos y los escaños de las Cortes.
El fraude electoral fue una práctica habitual que se usó incluso después de que se introdujera el sufragio universal masculino en 1890.
Este sistema se consolidó porque favorecía la estabilidad política. Ni las clases medias ni las capas populares se sintieron representadas por el sistema, de modo que se distanciaron de los asuntos políticos.

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