Derrotado en 1876 se redujo a un movimiento ideológico circunscrito al País Vasco y Navarra, zonas de arraigo foralismo.
Se dividió en dos tendencias:
Los integristas: encabezados por Ramón Nocedal exaltaban los valores del catolicismo y su influencia en todos los ámbitos de la vida pública. Criticaban el excesivo liberalismo de Carlos VII.
Los tradicionalistas: influidos por Juan Vázquez de Mella, evolucionaron hacia las posiciones regionalistas. Propusieron un nuevo marco que albergara la monarquía tradicional católica y las nuevas aspiraciones regionalistas.
Aprovechando la libertad de asociación y el sufragio universal masculino los tradicionalistas se reorganizaron como partido político y obtuvieron algunos escaños en las sucesivas elecciones.
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